Ya existía el boxeo en los juegos Olímpicos
de la antigua Grecia. Esto indica que se trata de uno de los deportes más
viejos de la Tierra. Se cita, por ejemplo, como un gran campeón de esa época a
Milón de Atenas, que, como todos los demás peleadores, combatía con una
especie de manopla en las manos. Diríamos que el boxeo apareció en Inglaterra
a fines del siglo XVII y a comienzos del XVIII. Se tiene la certeza de que en
1719, en Londres, James Figg era considerado campeón de Gran Bretaña y poseía
una academia llamada Figg's Amphitheatre. Este James Figg, pues, fue el primer
campeón de boxeo reconocido en una época en la que no existían categorías.
Los encuentros se efectuaban a puño desnudo eran "a finish". Vale
decir, que terminaban cuando uno de los adversarios quedaba fuera de combate.
Claro que eran peleas que duraban dos y tres horas, aunque a veces mucho más.
Las primeras reglas del pugilismo fueron las llamadas London Prize Ring Rules.
De acuerdo a estas reglas, cuando uno de los peleadores iba a tierra, el match
se detenía y los seconds del caído tenían autorización para llevarlo hasta
su rincón y reanimarlo. Cada round, pues, tenía una duración indefinida, ya
que terminaban ellos con la caída de uno de los rivales. Así las cosas, los
matches mismos duraban hasta que uno de los hombres no podía seguir en pelea.
En 1876 fueron dadas a conocer las famosas reglas del Marqués de Queensberry.
Fue justamente John Shoto Douglas, octavo marqués de Queensberry (padre de
aquel conocido Lord Douglas, amigo de Oscar Wilde), el responsable de imponer
estas reglas, que vinieron a reemplazar a las del London Prize Ring Rules. Pero
hay que aclarar un detalle importante: el marqués no fue el verdadero autor de
este código. El fue escrito por John Graham Chambers, miembro del Amateur
Athletic Club de Londres, como era costumbre en aquellos días, solicitó un
padrino que prestara su nombre y el marqués aceptó hacerlo. Con ello se ganó
una nombradía universal de varios , siglos que realmente no le pertenecía.
Fueron doce las reglas famosas y la principal de ellas, la III, señalaba que
los combates se dividirían en rounds de tres minutos cada, con uno de descanso
entre round y round. En la regla I se estipulaba que el ring tendría que ser de
24 pies por lado. La II prohibía las tomas de lucha romana. En las restantes se
estipulaba que si un hombre era derribado tendría que levantarse por sí mismo,
sin ayuda de sus seconds ni de cualquiera otra persona, dentro de un tiempo de
diez segundos. Durante este conteo, el adversario estaría obligado a retirarse
a un rincón lejano. Si el caído lograba incorporarse en ese lapso, el combate
seguiría. De no hacerlo, el árbitro declararía vencedor al otro. La regla X
decía que un boxeador con la rodilla en tierra debería ser considerado como caído
y se le contarían los diez segundos reglamentarios Igual cosa sucedería si un
hombre quedaba colgado de las cuerdas y en mal estado A ninguna persona se le
permitirá estar dentro del ring durante el encuentro. Cuando un match se
detuviera por alguna inevitable interferencia, el árbitro debería señalar el
lugar y fecha en que se continuaría, porque los matches obligadamente deben
ganarse o perderse, siempre que los apoderados de los adversarios no acuerden un
empate en las apuestas. Los guantes deben ser de un tamaño y peso determinados,
nuevos y de la mejor calidad. Cuando uno de éstos se rompe, debe ser
reemplazado a satisfacción del árbitro. Agrega el código, en su última
regla, que en todo lo no incluido en él, serán válidas las del London Prize
Ring.
Nos hemos detenido en este código boxístico porque, con algunas correcciones y
agregados que, de tiempo en tiempo, han sido considerados por imperio de la
experiencia, él es la base de la reglamentación internacional por la que en la
actualidad se rige el pugilismo.
A mediados del siglo XIX, el boxeo
comenzó a practicarse en los Estados Unidos, y, fue en 1863 cuando se efectuó
por primera vez un match entre los campeones de Gran Bretaña y Norteamérica.
'Tom King, inglés, y John Heenan, de Nueva York, fueron los protagonistas. Muy
pronto los boxeadores norteamericanos comenzaron a superar a los europeos y hay
que señalar que el último de los campeones del mundo de la era del puño
desnudo fue el bostoniano John L. Sullivan y la última defensa de su corona,
sin guantes, la efectuó frente a Jake Kilrain en un match que duró 75 rounds
(dos horas, 16 minutos y 23 segundos).
El primer match por la corona mundial de todos los pesos, con guantes de
combate, se efectuó en el Olympic Club de Nueva Orleans, el 7 de septiembre de
1892, y en él se enfrentaron John Sullivan, "el muchacho fuerte de
Boston", campeón, James J. Corbett, "Gentleman Jim" , aspirante.
Venció Corbett por K.O. en el round 21 y es así como este científico
pugilista fue el primer campeón del mundo con guantes de combate.
En sus comienzos no existían categorías
en el pugilismo. Podían enfrentarse hombres de 90 kilos con otros de 60 o
menos, y nadie hacía cuestión por ello ni había prohibiciones al respecto.
Pero fue progresando la reglamentación y así, en 1850, apareció lo que se
llamó peso liviano (light weight). En 1856 se comenzó a hablar del
bamtam-weight, que es el peso gallo. El nombre viene de una raza de gallinas de
Bantam, muy pequeñitas. En 1860 surgió el peso pluma; en 1867, el peso mediano
(middle-weight); en 1880, el peso welter o medio mediano; en 1903 el
mediopesado, y en 1910, el mosca, cuyo primer campeón fue el inglés Jimmy
Wilde.
Se dio así el caso de que Bob Fitzsimons, que fue primer campeón del mundo de
medianos y luego del peso pesado, en 1903 conquistó su tercera corona: la
recientemente nacida de los mediopesados.
Posteriormente surgieron otras categorías, agregadas a las ocho clásicas.
Categorías intermedias que no tuvieron al comienzo mucha importancia, pero que
en la actualidad son bastante cotizadas. Fueron las divisiones junior: liviano
junior o super pluma, welter junior o superliviano y mediano junior o super
welter.
En aficionados también eran ocho las primitivas categorías, igual que en
profesionales, pese a que existía una división extraoficial llamada peso mínimo,
que corresponde ahora a lo que es mosca junior o minimosca.
Como el boxeo es de origen inglés (sin considerar, es claro, sus albores en la
época griega), las categorías se catalogaron en libras y se usó también lo
que se llamó la tolerancia de 150 gramos.
Los orígenes del pugilismo en Chile
son bastante confusos y costaría fijar el año del primer combate que se efectuó
en nuestro país. Podría señalarse como posible época de esta iniciación la
de los últimos años del siglo pasado y los primeros del que vivimos.
Eran los años en que reinaba en el mundo pugilístico un inglés trotamundos
que se había hecho boxeador en Nueva Zelandia, Bob Fitzsimmons, que había
arrebatado el cetro mundial al primer boxeador científico de la historia, James
Corbett, en marzo de 1897, en Carson Cíty. También hacía sus primeras
apariciones el fuerte calderero James Jeffríes y los encuentros de alto nivel
interesaban enormemente a los públicos de Norteamérica. En Chile, comenzaron a
presenciarse combates con guantes por esos años en Valparaíso. Se trataba de
encuentros que tenían como escenarios salas muy disimuladas, a espaldas de las
rondas policiales, que no entendían que eso de que dos hombres se agarraran a
trompadas pudiera ser un deporte y debiera ser permitido. Los protagonistas de
estas matches solían ser marineros -ingleses en su mayoría- de barcos de carga
surtos en la bahía. Tal vez algunos de ellos habían sido boxeadores de tercera
categoría o, simplemente, mocetones fuertes y animosos que, por obtener alguna
ganancia extra y por divertirse, aceptaban pelear por una paga modesta. Pero
estas peleas, muy escasas de técnica, se comprende, fueron gustando a quienes
asistían a ellas y los que las vieron en el puerto y luego vinieron a Santiago,
contaban lo que habían visto y se lamentaban de que no pudieran repetirse en la
capital.
Hasta que un grupo de santiaguinos entusiastas se decidió a hacer algo por esta
novísima entretención tan de acuerdo por lo demás con el espíritu peleador
de la raza chilena. Eso que tanto gustaba a los porteños tenía que agradar
también a los de la metrópoli. Y fue así como se fundó el primer club de
boxeo del que se tiene noticia. Quedó ubicado en el subterráneo del Hotel
Melossi, en la cercanías de la Estación Central. Se armó un ring y los fanáticos
de entonces lo rodeaban y se las arreglaban de cualquier modo para seguir de
cerca las peleas.
Esto debe haber sucedido en el último año del siglo pasado o quizás un poco
antes y pronto se advirtió que el interés iba más y más en aumento, hasta
que el subterráneo de la Estación Central se hizo cada vez más estrecho.
De este modo fueron apareciendo mozos fornidos, buenos para los puñetes en sus
barrios, que quisieron tentar suerte en este nuevo deporte en el que se peleaba
con guantes rellenos de crin. Pero es importante señalar la llegada a Chile de
dos pioneros: Juan Budinich y Joe Daly. Budinich era un chileno trotamundos,
aficionado al boxeo, que apareció en Valparaíso en el 900. Había boxeado en
los Estados Unidos y hasta había llegado a ser sparring-partner del campeón
mundial James Corbett. En cuanto a Joe Daly, más pequeño, de unos 60 kilos de
peso, era inglés y conocía mucho más la ciencia del pugilismo, siendo un
estilista de rectos izquierdos y técnica avanzada. Un maestro de esa época.
Budinich y Joe Daly se vinieron a la capital y aquí, apoyados por jóvenes
adinerados, entusiastas del boxeo fundaron, allá por 1902, un local exclusivo
para la práctica y la enseñanza del deporte de los puños. Se le conoció como
"'La Filarmónica del Huaso Rodríguez" y estaba ubicado en la calle
de la Merced esquina de las Claras (hoy Mac-Iver), junto a la iglesia de la
Merced. Daly y Budinich se dedicaron en su local a enseñar pugilismo y tuvieron
una gran cantidad de alumnos, la mayor parte de ellos de clase acomodada. Se
realizaron allí combates entre aficionados, alumnos de los dos gringos, de.
todavía muy escasos conocimientos, pero llenos de un enorme entusiasmo. Lo
importante fue que el pugilismo prendió en la juventud y día a día fueron más
los aficionados que quisieron conocer los secretos del arte de la defensa
propia.
Fue tanto el interés por todo esto, que en 1902 se efectuó en el 'Teatro
Santiago el primer match de boxeo de profesionales del que se tienen datos
fidedignos. Fueron los rivales el negro Frank Jones y el maestro Juan Budinich.
El encuentro fue encarnizado y hasta sangriento, y la gente que lo presenció
rugió de entusiasmo ante tan novedoso espectáculo. Budinich logró derrotar a
su oponente por K.O.
También cayó por estas tierras, en esos años, un inglés llamado James Perry,
que pronto llegó a tener una gran popularidad. Lógicamente se le hizo pelear
con Juan Budinich y el match se efectuó en la calle Huérfanos esquina de San
Antonio. El "todo Santiago" asistió al espectáculo, que resultó muy
animado e interesante, al decir de quienes lo presenciaron y lo recordaron más
tarde. Venció por puntos Budinich en 20 asaltos. James Perry también se dedicó
en Santiago a la enseñanza, y años más tarde su nombre fue recordado en un
centro de boxeo de la calle San Pablo, el "James Perry B.C.".
Empezó a gustar el pugilismo, sobre todo entre la gente acomodada, y por ahí
surgieron algunos mecenas que, al igual que había sucedido en siglos anteriores
en Inglaterra, quisieron hacerse de una notoriedad simpática y crearse una
distracción para ellos y sus amigos, adoptando mocetones fuertes como
protegidos. Conste que hubo quienes lo hicieron por esnobismo y por diversión,
pero hubo también otros que comenzaron a tomarle el gusto al rudo deporte y,
encariñados con él, trabajaron seriamente para darlo a conocer y levantar su
nivel.
La lucha grecorromana era por entonces más conocida y más practicada que el
pugilismo en nuestro medio, y en ella destacaba un entusiasta maestro de gran
experiencia y que también sabía de boxeo: Amadeo Pellegrini. Este hacía
clases de cultura física en la Policía de Santiago. Asimismo debemos recordar
al "Maestro" Concha, un boxeador que enseñaba en la Cuarta Comisaría
a los "pacos".
Estaba así naciendo y dando sus primeros pasos en Chile -y especialmente en
Santiago- un deporte que luego llegaría a ser mayoritario y que apasionaría a
los jóvenes y viejos en todas partes y en todas las clases sociales. Y ése era
el clima cuando vino del pueblo colchagüino de Santa Cruz un mocetón bien
plantado, endurecido en las faenas campesinas, que se llamaba Heriberto Rojas.
Había venido a la capital con el único deseo de ingresar a la policía. Era un
mozo no muy alto -apenas medía 1,72 mt.- pero en seguida se advertía su físico
musculoso y fuerte, con sus bien distribuidos 75 kilos. Entró a la policía,
como era su deseo, y allí el ojo avizor de Pellegrini descubrió sus innatas
condiciones. Y lo metió en el naciente deporte de los puños. Hizo que Juan
Budinich, y más tarde el "Maestro" Concha, le enseñaran los
rudimentos del boxeo. Pellegrini, frente a este joven que era un excelente
jinete y que no le hacía asco a levantar sacos de cien kilos o más, decidió
darle elasticidad y resistencia, a fuerza de cultura física. También lo inició
en los secretos de la lucha romana, que siempre es útil a los pugilistas de los
pesos altos. Budinich, y el "Maestro Concha" hicieron el resto. Esto
sucedía en el año 1904 y bien puede afirmarse que Heriberto Rojas fue un
pionero: el primer boxeador profesional de Chile.
Llegamos así al primer match de boxeo profesional en el que intervino un
chileno. Fue el 15 de agosto de 1905 y se realizó en el local que quedaba en la
calle Arturo Prat con Alonso Ovalle y que se llamaba "Frontón de
Pelota". Heriberto Rojas peleó en su primer combate con el inglés James
Perry en una pelea "a finish". Nada de ganar empatar o perder por
puntos. ya que el match duraría hasta que uno de los contrincantes no pudiera
seguir combatiendo. Perry era un pugilista avezado, canchero, con larguísima
experiencia en cuadriláteros europeos, aunque más liviano que el chileno. Pero
la bravura, la fuerza y el empeño del debutante pudieron más que la técnica
del inglés y Heriberto Rojas terminó por noquearlo en el 17º asalto.
El júbilo de los espectadores fue estruendoso. Sombreros al aire, vítores y
una lluvia de aquellos tejos de plata que eran las monedas de un peso de ese
tiempo. Esto, para premiar a los boxeadores que habían logrado entusiasmar a la
concurrencia.
Por esa época el pugilismo era algo exótico, y los espectadores de los
asientos de preferencia asistían a las reuniones muy de chaqué y sombrero de
pelo, según ellos entendían que lo hacían los elegantes de las grandes
capitales europeas. Esa noche del debut victorioso de Heriberto Rojas, don
Ismael Tocornal, político de renombre que sonó por un buen tiempo como posible
candidato a la presidencia de la República, subió al ring a felicitar al
vencedor.
Ya hemos dicho que Heriberto Rojas fue un pionero del pugilismo en nuestro país.
Se llegó a transformar en el ídolo de los aficionados del nuevo deporte y su
presencia en el ring levantó el entusiasmo en muchos jóvenes, no sólo de la
capital, sino también de provincias. Así fue como muy pronto fueron llegando a
Santiago jóvenes fornidos y animosos que habían obtenido triunfos en sus
pueblos y que pretendían conquistar la fama venciendo al ídolo metropolitano.
De Concepción, Valparaíso, Talca, Chillán y hasta de Temuco, de donde vino
Pedro Pablo Fuentes, llegaban a la capital a pelear con Rojas. Pero ninguno pudo
ser adversario para el boxeador-policía, que los noqueó a todos con facilidad.
Igualmente, solían aparecer marineros gringos de los barcos que anclaban en
Valparaíso y que alguna vez habían boxeado en los puertos de todos los
rincones del mundo.
En una ocasión, peleando con Charles Bradley, Heriberto Rojas se fracturó una
muñeca durante el 4º round. No quiso retirarse y siguió combatiendo
valerosamente hasta que tuvo que abandonar cuando promediaba el 29º asalto.
Este ha sido el match de boxeo más largo de todos los que se han realizado en
nuestro país y en él Rojas peleó 25 rounds con una sola mano. Y así como el
joven de Santa Cruz estableció el récord del encuentro de más larga duración
en Chile, señaló también el de la pelea más corta, cuando puso K.O. a
Charles Kelly en el Teatro Circo Independencia: 49 segundos del ler. round.
Heriberto Rojas comenzó su carrera en agosto de 1905 y la terminó en 1917,
luego de vencer por puntos en 15 rounds al negro Calvin Respress. Y he aquí un
hecho curioso. Rojas reclamó para sí el título de campeón sudamericano de
todos los pesos, y le fue otorgado en 1918, cuando ya había dejado de combatir.
Había sido invencible durante una larga trayectoria derrotando entre otros a
Thomas Dunn, Peter Mitchell, Paddy McCarthy, Jack Palmer, Charles Bradley (en la
revancha) y Santiago Jacquier. Recuerdan los viejos aficionados que Rojas noqueó
a Jacquier con un derechazo terrible que lanzó a su rival a varios metros de
distancia, quedando el caído totalmente inconsciente por varias horas. A raíz
de este incidente, el campeón fue detenido por la policía y acusado de intento
de asesinato. Las influencias de los señorones que apoyaban el boxeo hicieron
que el asunto no pasara a mayores y Rojas quedó en libertad. En 1914, acompañando
a Manuel Sánchez, Heriberto Rojas realizó un rápido viaje a París con el
deseo de cotejarse allá con los mejores pesados europeos, pero no pudo cumplir
su proyecto por estallar poco después la Primera Guerra Mundial. En 1916,
llegaron a Santiago dos pugilistas norteamericanos de cierto cartel: el negro
Sam McVey, integrante de una troupe de pugilistas de color que recorrían el
mundo combatiendo y un pugilista blanco, Bob Devere, que había enfrentado en
una ocasión a Jack Dempsey, siendo noqueado por éste en el primer round . Sam
Mc Vey sólo se presentó en exhibiciones que fueron muy celebradas porque no
había para él adversario alguno que se le pudiera oponer. Pero a Bob Devere se
le concertó un match con el campeón chileno Heriberto Rojas, al que sus amigos
le tenían una gran confianza. La pelea se efectuó en un ring levantado en la
Pila del Ganso, y despertó inusitado interés en la incipiente afición
boxistica. La verdad es que la diferencia entre uno y otro era muy grande, y
reflejaba exactamente la distancia que existía en esa época entre el pugilismo
de Sudamérica y el de los Estados Unidos. Devere jugó con él poco experto
campeón chileno y lo noqueó en el momento que quiso. Bob Devere no era en su
patria un peleador de primera categoría, ni mucho menos. Apenas un boxeador de
pueblo sin cotización (no así Sam McVey, que estaba entre los mejores de su época)
y sin embargo no tuvo dificultades para noquear al mejor peso pesado de Sudamérica.
En aquel tiempo en los Estados Unidos se decía, en forma por demás despectiva,
que el boxeo sudamericano vivía aún "la era de swing". El swing es
un golpe largo y abierto: en Chile se le llama "gualetazo".
Después de aquella derrota frente a Devere, Rojas realizó algunos otros
matches frente a Joe Múrray, Dave Mills, Respress y otros. Ya hemos dicho que
se despidió luego de vencer a este último, que más tarde fue sparring-partner
de Luis Angel Firpo. Esto sucedía en septiembre de 1917, y al año siguiente
Heriberto Rojas fue reconocido como campeón sudamericano de peso máximo.
(Extractado del libro "El Boxeo en Chile" de Renato González, "Míster Huifa", publicado en Santiago el 28 de agosto de 1973 por Editora Nacional "Quimantú")