Galileo Galilei

 

 

Eppur, si muove! ¡Y sin embargo, se mueve!

Al demostrar cómo lo abstracto puede estar relacionado con el mundo de la experiencia, y cómo a partir de la reflexión sobre la naturaleza de las cosas es posible deducir sus leyes, Galileo se convirtió en el alma del racionalismo matemático que acabó con la aproximación lógica y verbal de la ciencia de Aristóteles. Astrónomo seguidor de Copérnico y primer físico en considerar las fuerzas como agentes mecánicos, englobó los fenómenos terrestres y celestes en una única teoría.

 

Galileo Galilei, nacido en Pisa en 1564, abandonó sus estudios de medicina para dedicarse a las matemáticas y a la física. Un tratado dedicado al centro de la gravedad de los sólidos(1589) le valió en 1592 una cátedra de matemáticas en la Universidad de Padua. Tras perfeccionar la mente astronómica y demostrar su utilidad militar ante el Senado de Venecia (1609), Galileo, nombrado <<primer filósofo y matemático>> del gran duque Cosme II de Toscana, se dedicará a observar el cielo, donde, según la tradición de Tolomeo, había astros idénticos todos entre si, un éter incorruptible y luminoso y una tierra formada por materiales menos nobles, sumergida en una esfera corruptible delimitada por la Luna y situada en el centro del Universo.

El sidereus nuncius (el mensajero de las estrellas), publicado en 1610, elabora una nueva concepción. La Luna revela aquí su verdadera naturaleza: iluminada tanto por el Sol como por los rayos que refleja nuestro planeta, se convierte, como la tierra, en un conjunto de mares, valles y montañas. El planeta Venus se convierte en una Luna corruptible: sus fases prueban que no es luminoso y que se mueve por alrededor del Sol. Además, las variaciones que expirementa su tamaño indican que su distancia a la Tierra es variable. Si Saturno se adorna con estructuras extrañas (los anillos identificados por huyghens), Júpiter con una rotación heliocéntrica, se convierte en el centro de un sistema planetario de cuatro elementos, los <<planetas de los Medici>>. Y aún hay más, el Sol ente perfecto, posee manchas y protuberancias que acaban con el mito de la inmutabilidad y revelan la rotación de dicho astro sobre sí mismo. La transformación de la Vía Láctea en un conglomerado de cúmulos estelares se opone a los límites de un universo encerrado en la esfera de las estrellas fijas.

Obsesionado por la circularidad de las órbitas planetarias, Galileo, sin embargo, no fue capaz de decidirse a extender el mundo hasta el infinito, a la vez que rechazaba la idea de que hubiese un centro donde habría que colocar al Sol o la Tierra. 

 

<<No hay mayor odio que el de la ignorancia contra el saber>>

Autorizado por el papa Urbano VIII a redactar una obra imparcial comparando las tesis de Copérnico y de Tolomeo sobre el orden de los cosmos, Galileo publicó en 1632 su Diálogo sobre los grandes sistemas de Tolomeo y Copérnico, que desarrollaba su argumentación en forma de charla entre tres amigos. Sin llegar a tomar realmente partido, el libro constituye sin embargo una exposición convincente de las teorías de Copérnico. Tras descubrir el alcance de todos los mecanismos del cielo reservado hasta entonces a Dios y a sus siervos, Galileo se convirtió en una víctima de una Iglesia expuesta a los crecientes ataques del protestantismo y cada vez más decidida a hacer respetar sus dogmas. Convocado en Roma a pesar de su edad y de su delicada salud, el sabio pisano fue acusado de hereje y condenado a renegar públicamente de las ideas que había defendido durante toda su vida, bajo pena de muerte. Encarcelado en villa Medici, se le asigno después residencia en Siena y, mas tarde, en Arcetri, cerca de Florencia. Después de haber admitido el heliocentrismo en 1822, la iglesia proclamó finalmente la libertad en la investigación científica en la encíclica Gaudium et Spes difundida por el Concilio Vaticano II (1962-1965).            

 

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